Multitud de jovencitos de la generación actual, deseosos de dar escape al dinamismo y potencial que se les almacena en los distintos órganos y vísceras, desean conocer las normas exactas para poder arrollar con la mayor limpieza a una anciana por la calle, y buscan libros en las bibliotecas, y monografías en las revistas del motor, sin que por desgracia consigan hallar la necesaria información.
Deseosos de satisfacer su comprensible aspiración y su lógica inquietud, yo voy a dar aquí las normas precisas, fijas y exactas para atropellar cualquier clase de vieja con completa tranquilidad, sin temor a las complicaciones de tipo legal que se pudieran derivar; pues, como es sabido, si en el atropello se sospecha la alevosía, luego todo son gaitas.
Para atropellar a una anciana, limpiamente y con impunidad, lo primero es necesario proveerse de una motocicleta, cuanto más rápida mejor. Algunos autores recomiendan el automóvil, lo que no deja de ser un craso error puesto que las estadísticas demuestran que bajo las ruedas de las motocicletas es más fácil hacer presa que bajo las ruedas de los automóviles, aparte de que, como todo el mundo sabe, el automóvil para lo que realmente resulta práctico es para atropellar gallinas.
Una vez provisto de la motocicleta y un seguro a todo riesgo (las ancianas son carísimas, por lo que conviene que las pague la compañía aseguradora), sólo hay que montar en ella y lanzarse a la calle a la busca de la anciana correspondiente.
En cuanto se divise a la anciana es conveniente acelerar a fondo y empezar a hacer sonar el claxon desesperadamente, pues esto proporciona la "coartada". La anciana tendría tiempo más que suficiente para escabullirse (así lo afirmarán los testigos), pero los claxonazos la desconciertan, ellas se aturrullan, no saben qué hacer y se dejan atropellar como unas benditas. Si se acelerara sin tocar la bocina, o se hiciera sonar estando ya muy cerca de ella, se correría el riesgo de que la vieja pegara un salto y se escapara.
Si se siguen estas sencillas normas, las ancianas caerán como moscas y no hará falta perseguirlas con el vehículo por encima de las aceras como algunos jóvenes hacen, que, dígase lo que se diga, resulta de muy mal tono